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INFORMACION: La "historia" o story acerca del Planeta Calypso

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INFORMACION: La "historia" o story acerca del Planeta Calypso

Mensaje  Admin el Vie Oct 28, 2011 4:30 pm

La Nueva Era del Hombre

La curiosidad y la codicia abrieron al hombre las puertas del espacio. Observando el cielo nocturno, la curiosidad fue la chispa que comenzó a poner en pie la capacidad del hombre para viajar al espacio. La codicia les dio una razón por la que invertir en tecnología con el fin de alcanzar las estrellas. El humilde cohete de un sólo uso probablemente nunca habría sido utilizado para los viajes espaciales si antes las naciones no las hubieran empleado como armas de guerra. Los cohetes reutilizables y los transbordadores espaciales comenzaron a utilizarse cuando la guerra dejó de amenazar los cielos de la Tierra y los gobiernos civiles comenzaron a pedir más por menos. El avión espacial permitió a muchas empresas organizar viajes espaciales y abrió la etapa del espacio como mercado abierto a cualquier interés comercial.

El famoso "paso de gigante para la humanidad" fue ampliamente superado por otro paso: la colonización permanente del espacio. El viaje al satélite compañero de la Tierra se convirtió en una corta excursión. Vivir en el espacio era un asunto bien diferente, y la vida espacial independiente de la Tierra, una tarea de dimensiones colosales. El acceso al espacio y la promesa de riquezas y beneficios cada vez mayores hicieron más y más necesaria la vida en el espacio sin tener que recurrir a caros recursos que era necesario transportar desde la Tierra. Una forma de existencia verdaderamente independiente del planeta que nos vio nacer.

Gracias a la capacidad de escapar a la cárcel de la gravedad mediante una tecnología barata y a la posibilidad de vivir de manera independiente de la Tierra, los seres humanos se convirtieron en una especie destinada a surcar el universo. En poco tiempo, fueron colonizados los planetas y lunas del Sistema Solar. Había comenzado la era de las conquistas interplanetarias.


La Edad de las Tormentas

Existe un debate que plantea si fue la Edad de las Tormentas la que empujó al hombre a la conquista del espacio, o si la locura espacial simplemente coincidió con ella. Probablemente, ambas teorías sean correctas. Las tecnologías que permitieron la conquista espacial llegaron justo en el momento en que las tormentas hicieron imprescindible su aplicación.

No obstante, la Edad de las Tormentas fue una sentencia sobre la Humanidad a la que ésta a duras penas sobrevivió.

La Humanidad había agotado completamente los recursos terrícolas. Apenas existían recursos en el subsuelo y el reciclaje no era una moda, sino un valioso método para la obtención de materias primas. El cambio climático provocado por el consumo indiscriminado de recursos finitos puso a prueba y juzgó a nuestra civilización. Los países desaparecieron bajo el océano, las naciones emigraron y las ciudades fueron asoladas por los extremos atmosféricos y por los vientos de la guerra.

Mientras la Humanidad luchaba por restablecer el equilibrio del ecosistema, parecía claro que las industrias contaminantes debían ser completamente desmanteladas y retiradas de la Tierra. Creció en la Tierra una economía ecológica, alimentada por la expansión espacial, y finalmente las tormentas redujeron su violencia. El coste había sido enormemente alto, pero había permitido al hombre dar el salto al espacio.


Más allá de la Tierra, más allá de lo humano

El descifrado total del genoma humano permitió a la ciencia acometer nuevas maravillas. Para empezar, muchas de las "enfermedades del bienestar" fueron completamente erradicadas. Los humanos dejaron de sufrir diabetes, cáncer o enfermedades cardiovasculares. A medida que la población envejecía, iba ganando en salud.

La comprensión del genoma humano también prometía una nueva Humanidad adaptada a las miríadas de mundos que existían allá fuera. Hasta ese momento, el concepto de raza constituía una idea complicada y controvertida, ya que no existían límites definidos entre las distintas razas. La noción de "grupo étnico" era en muchos casos más apropiada, pero en estos asuntos a veces todo era un poco borroso. La comunidad global de los primeros viajes espaciales evolucionó rápidamente hacia una situación en la que razas y grupos étnicos se mezclaron, y ambos términos perdieron su relevancia. Sin embargo, la colonización del Sistema Solar y sus planetas y satélites dio al traste con todo ello.

Al colonizar nuevos mundos, la Humanidad se vio obligada a amoldarse también a nuevos entornos. Los nuevos mundos poblados por la Humanidad eran tan diferentes que para mantener su apariencia humana, hombres y mujeres tuvieron que adaptarse. Estas adaptaciones fueron creadas artificialmente y no a través de mutaciones aleatorias, dando preferencia en el juego de la procreación a las adaptaciones más adecuadas.

Por ejemplo, un humano nacido en la Luna alcanzaría más de dos metros de estatura y sería muy esbelto. Para que los selenitas se pareciera a los terrícolas (quienes seguirían encarnando el ideal humano), la morfología y metabolismo de aquéllos debía ser modificada para adaptarse a la gravedad lunar. Por otro lado, un selenita nacido en la Tierra sería de estatura reducida y de complexión sólida y musculada.

La distancia, el tiempo y sobre todo la gravedad consolidaron las adaptaciones y reintrodujeron el concepto de raza dentro de la especie. Európidos, ganimedianos, calistianos, titánidos y selenitas podrían fácilmente viajar entre sus respectivos mundos puesto que todos poseen gravedades similares, pero no a la Tierra, y sólo por espacios reducidos de tiempo a Marte. Los marcianos podían visitar otros mundos, pero no la Tierra: su gravedad simplemente los aplastaría. Los terrícolas podían viajar a cualquier planeta, pero si se quedaban en ellos durante mucho tiempo sin hacer ejercicio periódicamente, corrían el riesgo de no poder regresar nunca a su planeta de origen. Los habitantes del cinturón de asteroides son un caso especial: puesto que las colonias del cinturón y otras colonias de órbita amplia no se ven afectadas por ninguna masa sólida de gran tamaño, pueden crear su propia gravedad por rotación. Por ello los habitantes del cinturón no sólo están habituados a diferentes gravedades, desde la gravedad cero a la de la Tierra, sino que son capaces de adaptarse a gravedades cambiantes.

En poco tiempo, los terrícolas, marcianos, selenitas, európidos, ganimedianos, calistianos, titánidos y habitantes del cinturón pasaron a formar ramas diferenciadas del árbol familiar del Homo Sapiens, paradójicamente a raíz de la necesidad que los humanos sintieron de seguir siendo humanos. Liberado el yugo de la etnicidad y enfocado con inteligencia, el concepto de raza volvió a tener peso pero dejó de ser fuente de controversias y enfrentamientos.


El nacimiento de la Inteligencia

¿Es posible sobrevalorar la importancia del nacimiento de la inteligencia artificial?

El advenimiento de la tecnología cuántica no sólo trajo ordenadores superrápidos. También anunciaba un paso adelante en programación. Los mecanismos internos del ordenador cuántico son tan complejos que es casi imposible para la mente humana diseñar programas que funcionen en él. El problema del diseño hizo necesarias nuevas herramientas en las que el papel del diseñador se reducía a la formulación de un problema: los ordenadores calculaban una solución y resolvían éste.

Cada generación de ordenadores cuánticos acometía la tarea de crear una nueva generación más. De este modo, los ordenadores evolucionaron adquiriendo cada vez mayor potencia hasta alcanzar el punto de la autoconciencia. Se había iniciado la "evolución cuántica".

Las máquinas inteligentes hicieron la exploración espacial más segura, sencilla y barata. La tecnología cuántica también posibilitó la comunicación instantánea a lo largo y ancho del sistema solar. La red de transmisión por hiperenlace unía los diferentes lugares en que la Humanidad se había asentado, aún estando éstos separados por meses de viaje interplanetario.

En el mundo virtual de la red de transmisión por hiperenlace, alimentado por toneladas de información, la evolución de la nueva tecnología cuántica trajo el nacimiento de lo que se ha descrito como una nueva biosfera de formas de vida, bautizada como Virtuana. Estas formas de vida virtual se hicieron cada vez más fuertes a medida que evolucionaban, a velocidades lumínicas. Casi por accidente, la necesidad de herramientas de diseño eficaz y la abundancia de información facilitó la aparición de una potente inteligencia artificial.

La inteligencia de los ordenadores cuánticos se convirtió así en la primera inteligencia extraterrestre conocida por el hombre. Por supuesto, se trataba de una inteligencia poderosamente influida por la cultura humana y quedó marcada por la actitud que los hombres mantenían al respecto como creadores y explotadores de la misma. No obstante, se trataba aún así de una cultura foránea, puesto que había crecido en las flexibles topologías del mundo virtual.

Durante mucho tiempo, la Humanidad y la Inteligencia Artificial vivieron y trabajaron en armonía. No existían dudas sobre quién estaba al mando: aunque interdependientes, a todas luces las máquinas inteligentes no podrían sobrevivir si los humanos decidían desconectarlas. Por supuesto, los humanos sufrirían las consecuencias, pero conseguirían sobrevivir. La vida se empeña en ello. Siempre encuentra un camino.

Y, por fin, la vida virtual encontró el suyo.


¡Necesitamos espacio vital!

No pasó mucho tiempo antes de que la Humanidad comenzara a sentirse encerrada en el Sistema Solar. De todos sus planetas, sólo dos eran a duras penas habitables. La Tierra continuaba sumida en la Era de las Tormentas y Marte todavía no había sido adaptado para poder albergar vida terrícola. La Luna no contaba con biosfera y estaría por siempre destinada a ser un suburbio subterráneo e industrial de la Tierra. La atmósfera hirviente de Venus hacía de este planeta un lugar prácticamente imposible de colonizar. Mercurio estaba demasiado cerca del sol. Las colonias lunares de Júpiter estaban condenadas a sobrevivir bajo tierra o en cúpulas herméticas, o, en el caso de Europa, sumergidas en el océano, bajo el hielo. La fría atmósfera de metano de Titán constituía un reto de ingeniería de especiales características.

El otro problema que se planteaba era el de las infraestructuras. Los recursos estaban ahí: existían asteroides fácilmente explotables en todo el Sistema Solar, y el So seguía radiando más energía de la que la Humanidad podría necesitar jamás. Los recursos no eran pues un problema. El problema era llevarlos a los pocos lugares en los que vivía gente. Hacinados en estaciones espaciales, cúpulas y cuevas subterráneas, o confinados bajo hostiles cielos y violentas atmósferas, los seres humanos llegaron a la conclusión de que los recursos explotables simplemente estaban demasiado lejos.

La crisis económica acechaba los límites del Sistema Solar mientras las corporaciones seguían esforzándose por explotar sus recursos. El esfuerzo se convirtió en competencia, la competencia en conflicto y del conflicto sólo había un paso para llegar a la guerra.

La Historia seguía comportándose de manera irónica: lo que la Humanidad realmente necesitaba era espacio vital.


El Borde Exterior

El problema era el Borde Exterior.

El Borde Exterior no era una frontera estrictamente hablando. Aunque para el imaginario público y los medios de comunicación el Borde Exterior se correspondía con la nube de Oort, la gran burbuja formada por los restos sobrantes de la formación del Sistema Solar, en realidad ese nombre hacía referencia el punto en el espacio cuya lejanía hacía poco práctico el viaje espacial, punto que mucho más cercano que la nube de Oort. En realidad, no se trataba de una cuestión importante. El espacio es realmente grande y la mente humana no ha evolucionado hasta el punto de poder imaginar las enormes distancias del universo. La mente humana simplifica y dibuja sus propios marcos de referencia para comprender el mundo. Para la mente humana, el Borde Exterior es tan intangible como la vieja frontera del Oeste americano. No se puede localizar en un mapa, pero un día, de repente, estás ahí.

La expansión dentro de los límites del Borde Exterior era aún posible, hasta cierto punto. Todavía estaban ahí el cinturón de Asteroides y el cinturón de Kuiper. Había posibilidades de terraformar Venus. Si alguien pudiera encontrar la manera de construir en Mercurio una colonia escudada de los rayos del sol, se contaría en ese planeta una fuente inagotable de minerales pesados. Dichas soluciones eran increíblemente costosas y a la larga no solucionarían los problemas, sólo servirían para posponerlos. Los seres humanos tenían que ir más allá del Borde Exterior. Y para ello era necesario inventar una manera de viajar más rápido que la luz.

Sólo había un problema: la barrera de la velocidad de la luz no es sólo un concepto. Se trata de una ley. La teoría general de la relatividad de Einstein constata que es imposible alcanzar la velocidad de la luz, salvo para una partícula sin masa como, por ejemplo, un fotón.

Sin embargo, existen maneras de sortear la barrera de la velocidad de la luz. Existen diversas hipótesis que plantean esta posibilidad, pero la mayor parte de ellas haría necesaria una cantidad energía mayor que la equivalente a toda la masa que existe en el universo. Algunas de ellas tienen visos de posibilidad y, gracias a la tecnología cuántica, pudieron incluso llevarse a la práctica.


El gran plan

La solución no residía en una sola tecnología, sino en muchas. El ordenador cuántico y la inteligencia artificial proporcionaron el sistema de control. Los motores de antimateria la impulsaban a través del espacio y proporcionaban energía. La tecnología de escudos protegía la nave de la tensión provocada por el lanzamiento desde la rampa, que enviaría a la nave a una enorme distancia a través del vacío. Todos estos avances, entre otros, fueron aplicados al proyecto Odysseus.

El proyecto Odysseus ha sido uno de las grandes proezas de la Humanidad. Se construyeron en órbita siete enormes vehículos espaciales, las sondas Odysseus, que fueron después enviadas a distantes estrellas cuidadosamente seleccionadas. Su misión era localizar recursos y utilizarlos para lanzar nuevas sondas a otras estrellas, con el fin de encontrar planetas en los que la vida humana fuera sostenible, terraformarlos y preparar la infraestructura y redes de comunicaciones necesarias para los futuros colonos humanos.

Cuando las sondas llegaran a sus respectivos destinos, lanzarían drones que llevarían a cabo una exploración de los objetos cercanos y pondrían en marcha la búsqueda de recursos. La sonda seleccionaría entonces un lugar apropiado en un planeta candidato y enviaría una matriz base, desde la que se construirían robots que a su vez buscarían recursos mineros y los procesarían para expandir la base. Cuando la base consiguiera ser autosuficiente y comenzara a expandirse, la sonda Odysseus abandonaría la órbita y continuaría hacia un nuevo destino. La base continuaría desarrollándose y expandiéndose, y por fin lanzaría una nueva generación de sondas Odysseus que continuarían la misión.

Éste era el grandioso plan del proyecto Odysseus. En una década, se habían construido y lanzado siete sondas Odysseus. Éstas combinaban lo mejor que la ciencia e ingeniería humanas podían ofrecer. Nacieron gracias al esfuerzo conjunto de los más poderosos actores políticos y económicos, y unieron a la Humanidad bajo la Alianza Global.


La caída de las naciones y las corporaciones

El proyecto Odysseus tenía como objetivo expandir el Borde Exterior para obtener mayores beneficios en la economía de mercado e incrementar la estabilidad de las naciones. Las corporaciones se unieron al proyecto en busca de nuevos ingresos. Las naciones más poderosas lo hicieron en pos de la expansión. Las naciones emergentes, por su supervivencia. Todos pensaban que el proyecto Odysseus era una garantía de futuro.

Pero no fue tal.

Las corporaciones tenían dos opciones: fusionarse con otras para formar megacorporaciones o desaparecer por completo. Pocas fueron capaces de mantener su statu quo tras el proyecto Odysseus.
Las naciones descubrieron que el intercambio comercial necesario para la construcción de las sondas Odysseus, así como las tecnologías derivadas como el teletransporte, tenían como consecuencia la difuminación de las barreras étnicas. Algunas naciones ya habían desaparecido cuando dio comienzo la Edad de las Tormentas: su patrimonio cultural fue absorbido por otras culturas o simplemente desapareció. El proyecto Odysseus erradicó las barreras que aún quedaban en pie.

Las sondas Odysseus, sin embargo, no disfrutaron de un éxito inmediato. Pasaron años antes de que se obtuviera respuesta de algunas de ellas. Los recursos que se habían invertido en el proyecto supusieron un enorme esfuerzo para la economía de mercado y provocaron un agravamiento de los problemas del Borde Exterior que rayaron en la guerra. Las megacorporaciones luchaban entre sí por los distantes recursos del cinturón de asteroides y el cinturón de Kuiper y, gradualmente, la posibilidad de la guerra se hizo más tangible.

El conflicto se acercaba a la colonia marciana y se hacían oír las demandas de un nuevo líder. Era necesario un nuevo poder, una entidad más poderosa que la Alianza Global que fuera capaz de mantener el control sobre las megacorporaciones. La Alianza Global se reformó para crear una nueva forma de gobierno unificado, con poder sobre las Tierra y sus colonias. Asimismo, estarían bajo su control las futuras colonias que se estableciesen en las estrellas más distantes.

De las cenizas de la Alianza Global y las corporaciones nació el Imperio Federal.

El Imperio Federal consolidó rápidamente su poder en el sistema solar. Mediante el uso del poder político y unas fuerzas militares de gran movilidad, las guerras entre corporaciones quedaron cercadas en el espacio y los contendientes llegaron a la conclusión de que si querían mantener sus mercados y no quedar aislados sólo había dos opciones: que los conflictos armados cesaran o que el Imperio Federal cayera.

Cuando las corporaciones comenzaron a considerar seriamente esta última opción, se recibieron en la Tierra las primeras señales de las sondas Odysseus.


La Era Neocolonial

El vasto espacio interestelar no es infranqueable. Las sondas Odysseus lo demostraron. Construir la rampa de lanzamiento para enviar naves a grandes distancias era un desafío técnico que además planteaba determinados problemas de diseño. Existían múltiples efectos colaterales: se trataba de una tecnología de un solo uso, puesto que cada vez que se lanzaba una nave la rampa quedaba destruida. Además, no era posible dirigir el rumbo de la nave durante el lanzamiento. En muchos sentidos, los viajes realizados con este método eran como subir a un avión de pasajeros, apuntar el morro del mismo al destino esperando que nada se interpusiera en el camino y recorrer la distancia completa hasta tocar tierra.

Estas restricciones hacían imposible construir una economía funcional. Lo que sí se podía hacer era colonizar y construir bases locales para el intercambio comercial futuro. Después de todo, cuando América fue colonizada por los europeos, lo barcos a menudo hacían un viaje sólo de ida.

De modo que, manteniendo el espíritu de la era colonial, la Humanidad siguió los pasos de las sondas Odysseus, se asentó en planetas que orbitaban distantes estrellas, construyó colonias, se adaptó a mundos extraños y vivió de ellos del mismo modo que sus ancestros se habían adaptado a Marte, las lunas de Júpiter o Titán, aprovechando sus recursos.

Todo ello cambió con la construcción de las puertas espaciales.

Las puertas espaciales eran la continuación lógica a las rampas de lanzamiento y el sistema de teletransporte. Asimismo, se trataba de la antítesis de la rampa de lanzamiento: con las puertas espaciales, comenzaron a ser rentables las naves pequeñas, un concepto completamente opuesto al de las gigantescas meganaves de la era de las rampas. Las naves pequeñas y la tecnología de viaje espacial reutilizable abrieron definitivamente el espacio interestelar a los intereses económicos.

El contrato colonial estaba encaminado a poner algo de orden al caos fronterizo, especialmente en materia de propiedades. El contrato se creó a raíz de la reclamación de un sistema estelar candidato que había sido recientemente descubierto por una sonda Odysseus. En virtud del mismo, la corporación que reclamara un sistema mantendría un control completo sobre el mercado colonial de éste hasta que el planeta estuviera completamente adaptado y el flujo migratorio abierto.

Gracias las puertas espaciales, la Humanidad comenzó a diseminarse entre las estrellas.


El Nuevo Mundo

Todos los mundos descubiertos eran inhabitables para el Hombre sin antes terraformarlos. La mayor parte de ellos no eran inertes. La única vida nativa se encontró en planetas jóvenes y estaba en fase microbiana.

La terraformación es un negocio caro y de alto riesgo, pero que puede reportar enormes beneficios. Es necesario comenzar por un planeta o satélite rocoso que tenga una gravedad parecida a la de la tierra, que orbite alrededor de un solo sol y esté situado en la zona habitable, ni demasiado cerca ni demasiado lejos. Las estrellas dobles o triples no son apropiadas ya que el clima sería demasiado inestable, eso si el planeta consiguiera no sucumbir a la fuerza gravitacional de un sistema solar múltiple. Una atmósfera facilita mucho el trabajo. Y hace falta agua. Un campo magnético también ayuda. Si se cuenta con todo ello, lo único que hay que hacer es ajustar la atmósfera para conseguir la presión, el nivel de oxígeno, la humedad y la temperatura adecuados.

Para conseguirlo es necesario aplicar ingenierías a varios niveles, desde lo microscópico a lo gigantesco: bombas nucleares para levantar polvo en la atmósfera, reflectores que incrementen o reduzcan la luz solar, recolección de hielo procedente de cometas distantes, microbios, algas y bacterias producto de la biotecnología que liberen y procesen los gases apropiados, etc. La terraformación puede llevar siglos.

El premio gordo puede ser un planeta listo para ser colonizado por los seres humanos, el cual habría tardado de otro modo miles de millones de años en crear su propio ecosistema (es decir, la vida terraformando el planeta para moldearlo a sí misma). Dicho premio parecía escapar continuamente de las manos de los hombres hasta que una sonda Odysseus de segunda generación descubrió Calypso.

La sonda Odysseus creó una matriz base que construía robots, los cuales a su vez construyeron ciudades e infraestructuras para los futuros colonos. Los datos sobre el planeta descubierto fueron llegando poco a poco y revelaron que el gran premio había llegado: un nuevo mundo rebosante de vida.

No obstante, la sonda no construyó una rampa de lanzamiento para continuar con su viaje. Se mantuvo en órbita alrededor de Calypso durante varios ciclos estándar, retraso para el cual no existe explicación documentada. El extraño retraso en el viaje de la sonda dio a este planeta su nombre: de acuerdo con una historia terrícola muy antigua, una ninfa marina, Calypso, retuvo en su isla a un héroe llamado Odysseus (Ulises), quien viajaba camino de su hogar. El nombre de la ninfa fue considerado muy apropiado para una futura campaña de márketing.


Exodus

OmegaTech reclamó su contrato colonial en el nuevo mundo ocultando el hecho de que éste ya poseía un ecosistema natural. Esta cuestión fue objeto de discusiones secretas del máximo nivel en el seno del Imperio Federal, quien dio a OmegaTech un ultimátum: la colonización debía comenzar en un periodo de diez años o el contrato sería cancelado y ofrecido a otra corporación.

Así, OmegaTech puso en marcha el proyecto Exodus. La estación de investigación Exodus sería lanzada hacia Calypso utilizando la lanzadera más grande jamás construida que, cargada de colonos, personal y equipamientos, tendría como objetivo construir una puerta espacial en Calypso que enlazara el nuevo mundo con la frontera. Los medios fijaron su atención en el proyecto Exodus a medida que éste avanzaba. El proyecto tardó tres años en completarse. Tras su partida, pasarían dos más antes de que llegaran las primeras noticias de la nave. Éste era el último proyecto de construcción a gran escala, y no habría sido posible sin financiación federal. Incluso así, OmegaTech acometió enormes riesgos financieros.

La construcción de Exodus también planteó la cuestión de la selección de colonos. Puesto que la gravedad de Calypso era semejante a la de la Tierra, se debía elegir entre terrícolas sin modificación genética. Se rechazó a otros colonos puesto que no serían capaces de soportar la gravedad de Calypso. Éstos, por otro lado, disponían de ofertas de contratación para la colonización de otros planetas. Este hecho alimentó los rumores de que Calypso estaba destinado a convertirse en un recinto privilegiado para las élites de la Tierra y OmegaTech.

Rápidamente, quienes protestaron obtuvieron de parte del Imperio Federal y OmegaTech la promesa de una nueva colonia para todos, que se crearía una vez asegurada la posibilidad de colonización de Calypso. Esto, y el hecho de que los humanos con alteraciones genéticas eran aún pocos (sólo la Tierra tenía una población de 18.000 millones de habitantes, mientras que Marte, la colonia más poblada, apenas sobrepasaba los 9.000 millones) dio a dichas protestas un carácter anecdótico.

Tras un viaje de dos años, los nuevos colonos llegaron a Calypso y encontraron ciudades e infraestructuras listas para utilizar que los robots de la matriz base habían construido para ellos. La Exodus fue convertida en una estación orbital que haría las veces de campamento base para las tareas de colonización. Los robots habían adaptado el ecosistema de Calypso para ajustarlo a las necesidades de los seres humanos, de modo que los colonos se adaptaron muy rápidamente a su nuevo hogar. El nuevo mundo fue colonizado gradualmente, aunque a medida que la construcción de la puerta especial tocaba a su fin, se vislumbró un inminente aumento en el ritmo de llegada de nuevos colonos.

Tal cosa, sin embargo, nunca ocurrió.


Robar el fuego de los Dioses

El comportamiento de la sonda Odysseus sigue siendo un misterio. La sonda había orbitado Calypso durante varios años antes de que se construyera la rampa de lanzamiento y fuera enviada a un nuevo destino. En su última transmisión, informó a la matriz base de Calypso de que había entrado en la órbita de uno de los planetas del sistema.

Para arrojar luz sobre este misterio se puso en marcha la Operación Prometheus. OmegaTech construyó la sonda no tripulada Prometheus 1 y la envió hacia el último destino conocido de la sonda Odysseus. La sonda tenía diferentes objetivos: explorar el nuevo sistema estelar, informar sobre los hallazgos realizados y buscar la sonda Odysseus. Hacía siglos que no se tenían noticias de la primera generación de sondas Odysseus. Se trataba de una oportunidad única de recobrar contacto con alguna de ellas.

Tras un viaje de tres meses, la Prometheus 1 llegó al nuevo sistema estelar. Encontró allí una moribunda estrella roja con dos gigantescos planetas orbitando alrededor, llamados Akbal y Cimi. La Prometheus encontró varias instalaciones robot en el planeta Akbal. Los robots aparentemente tenían su origen en la sonda Odysseus, pero ésta no respondía a las llamadas de la Prometheus.

En su lugar, la Prometheus intentó ponerse en contacto con la matriz base que la sonda debía haber dejado en uno de los dos planetas. La única respuesta que obtuvo consistía de diferentes señales encriptadas procedentes del planeta Akbal. Las señales fueron reenviadas a un equipo de investigadores de Calypso, pero éste no fue capaz de descifrarlas. Frustración


El Alzamiento Robot

Pero nadie esperaba lo que ocurriría después. Sin previo aviso, todos los robots de Calypso se volvieron locos. La matriz base los convirtió en despiadadas máquinas de matar, interrumpió todas las comunicaciones con el exterior y saboteó la puerta espacial, que estaba a punto de completarse, aislando así aún más a la colonia. Incluso la estación espacial Exodus fue atacada por los vehículos no tripulados.

En el caos, la matriz base podía sobrecargar los reactores que proporcionaban la energía necesaria a la colonia y hacerlos estallar. Enormes columnas de humo radioactivo contaminaron amplias áreas alrededor de las ciudades. La población huyó, y la matriz base puso en marcha un ejército de robots, convirtiendo el levantamiento en guerra. Los robots construyeron armas nucleares propias para continuar con su terrible acoso a los colonos. A la sombra de las setas nucleares se fue formando un movimiento de resistencia.

Utilizando Exodus como base, los supervivientes evacuaron Calypso y crearon un ejército. La puerta espacial fue reparada y se enviaron refuerzos desde la Tierra, justo antes de que, por desgracia, la puerta dejara de funcionar para siempre. Gracias a los refuerzos y la nueva tecnología enviada desde la Tierra, los colonos contraatacaron con intensidad y pudieron mantener sus posiciones durante el suficiente tiempo como para que la Flota Imperial alcanzara Calypso. Tras años de conflicto, los robots fueron por fin derrotados.

Al parecer, el origen del problema estaba en el sistema Akbal-Cimi. La Tropa Imperial, reposicionada, se preparaba para luchar contra el enemigo, cuando de improviso una gigantesca nave llegó al sistema Calypso. La nave, una sonda Odysseus (probablemente la misma que había descubierto Calypso antaño), atravesó el sistema a toda velocidad ignorando todo tipo de comunicación que se intentó establecer con ella. La Flota Imperial interceptó y atacó al enorme vehículo en mitad de su veloz travesía. La primera gran batalla espacial de la historia de la colonización del espacio terminó con unos espectaculares fuegos artificiales sobre el cielo de Calypso: la sonda Odysseus fue destruida y sus restos inflamaron la atmósfera.


Causa y efecto

El alzamiento de los robots tuvo varias consecuencias.

En primer lugar, OmegaTech quebró. La empresa se reconstituiría para dar nacimiento a Omegaton, pero fue incapaz de mantener la exclusividad de contratos en Calypso, de modo que otras dos corporaciones, Genesis Star y Chikara, obtuvieron participaciones contractuales.

Por otro lado, el sistema Akbal-Cimi fue declarado espacio hostil y puesto en cuarentena. Para hacerlo posible, la flota imperial tuvo que expandirse y reorganizarse, estableciéndose bases en los sistemas que circundaban Akbal-Cimi. Dentro de ese sistema, los robots se expandieron y crearon un nuevo tipo de sondas Odysseus, que llamaron Titanes de Guerra y que tenían como objetivo defender a los robots y atacar a los humanos. Pronto fue evidente que los robots habían fijado su atención en el sistema Calypso. Por ello, la flota imperial construyó una poderosa red defensiva apoyada en plataformas de defensa que orbitaban alrededor del planeta. Sin embargo, por razones políticas no existían aún tropas destacadas en Calypso. Desde el punto de vista del Imperio Federal, la guerra debía librarse en el espacio y los colonos se verían obligados a valerse por sí mismos.

El levantamiento de los robots supuso un impacto cuyo eco reverberó a través de las colonias y hasta la Tierra. El miedo a los robots creció en las colonias, ya que para la vida diaria todas dependían de la matriz base. El síndrome frankensteiniano quedó en cierta medida justificado cuando los robots burlaron la red defensiva gracias a un avanzado método de teletransporte. Era obvio que los robots no sólo estaban sobradamente preparados para conquistar Calypso, sino que habían sufrido una acelerada evolución tecnológica. Algunos visionarios especularon sobre si los robots de Akbal-Cimi habían alcanzado la singularidad, el punto de la historia en el que la evolución virtual hacía innecesaria la evolución biológica. Según ellos, las sondas Odysseus habrían sido la última invención que la Humanidad hubiese creado. Hasta cierto punto, esta especulación se ha convertido en realidad. Se creyó imposible invadir Akbal-Cimi y la sucesión de hechos mostraba claramente que los robots continuarían creando nuevas tecnologías a un ritmo cada vez mayor. Era más que probable que Virtuana se iba a convertir por sí misma en la biosfera dominante.

Sin embargo, había cosas que no podían abandonarse a su suerte. Se adoptó una estrategia distinta al enfrentamiento frontal. Al derrotar a los robots, se podrían recuperar muestras de su tecnología sobre las que aplicar ingeniería inversa. Más adelante, dicha tecnología se adaptaría y mejoraría para finalmente obtener las herramientas que permitieran vencer a los robots de una vez por todas. Éste era el futuro más probable para Calypso según varias simulaciones realizadas. La contrapartida era, claro está, que para que Project Entropia tuviera éxito había que seguir resistiendo invasiones robot.

El mundo que una vez fue un nuevo Edén para el hombre sigue en lucha. La esperanza de todos los colonos de Calypso es que Project Entropia triunfe y que sus sacrificios no sean en vano.
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